Blog dedicado a temas relacionados con la Cofradía del Santisimo Cristo de la Vera Cruz de Campazas (León). Pagina no oficial.
miércoles, 4 de marzo de 2020
lunes, 16 de diciembre de 2019
jueves, 7 de noviembre de 2019
Necrologica de el Hermano Cadenas
Ha fallecido el Hermano Cadenas. El nº1 de Hermano de antiguedad de la Cofradía del Cristo de la Vera Cruz de Campazas (León).
“Yo soy la Resurrección y la Vida: el que cree en mí, aunque muera; vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás”. (Jn 20, 31).
D.E.P.
viernes, 12 de julio de 2019
miércoles, 1 de mayo de 2019
LA CRUZ DE MAYO: INVENCIÓN DE LA SANTA CRUZ
No debe confundirse con Exaltación de la Santa Cruz.
La Invención de la Santa Cruz, Cruz de Mayo o también Fiesta de las Cruces es una de las fiestas dentro del rito romano para festejar el culto a la Cruz de Cristo.
"Invención" (del latín invenio, "descubrir") es el nombre litúrgico y oficial. En cambio, Cruz de Mayo o fiesta de las Cruces es la denominación popular. Se festeja el 3 de mayo, y la Iglesia católica, según el rito romano, ha situado el hallazgo de la santa Cruz.
Es una festividad muy extendida en España e Hispanoamérica. Pero tras la reforma de la liturgia romana por Juan XXIII, en 1960 con el motu proprio Rubricarum instructum, perdió importancia en el calendario romano.
Historia
El origen está en conmemorar el hallazgo por parte de Santa Elena, madre del emperador Constantino, de la verdadera cruz de Jesucristo en su peregrinación a Jerusalén. Al tratarse de una fiesta relacionada con la pasión de Cristo, su Cruz, la fiesta en rito romano será de color rojo.
Ciertos autores enlazan la fiesta de La Cruz de Mayo con un origen pre-cristiano en el Árbol de Mayo o Palo de Mayo. El culto al árbol ha sido común en la religión europea y se ha dado, entre otros pueblos, en celtas, germanos, griegos, romanos y eslavos. En el Arbor Intrat romano se cortaba un pino, se engalanaba con guirnaldas violetas, cintas de lana y una imagen de Atis y se llevaba al templo de Cibeles.
En la Francia medieval los campesinos ponían el 1 de mayo árboles decorados frente a las casas señoriales y las iglesias. La costumbre del árbol decorado se daba entre los eslavos a finales de abril. En Rumanía los gitanos hacían una festividad similar el 23 de abril, día de San Jorge, al que llamaban el "Verde Jorge".
Aunque en algunos momentos, esta costumbre fue prohibida por clérigos y nobles. En Inglaterra se dejó de hacer a lo largo del siglo XVII, debido a la Reforma protestante. La costumbre del árbol ha sido habitual en España (sobre todo en Castilla),910 celebrándose normalmente entre el 30 de abril y el 3 de mayo. En algunos lugares (sobre todo católicos) la costumbre del árbol pasó a ser el Mayo Florido o la Pascua Florida.
Las primeras celebraciones populares de la Cruz de Mayo son del siglo XVII. Lope de Vega escribió en su obra La mejor enamorada, la Magdalena una versión cristiana de la copla Este sí que es mayo famoso dedicada a la cruz de mayo:1214
Este sí que se lleva la gala
que es la Cruz en que Dios murió.
Este sí que se lleva la gala
que los otros árboles no.
El ambiente de las cruces de mayo de Sevilla fue descrito por Lope de Vega, Juan de Zabaleta y Quiñones de Benavente. A comienzos del siglo XIX, José María Blanco White escribió también sobre las cruces de mayo de Sevilla.
La festividad suele situarse el 3 de mayo por ser esta fecha la de la "invención" (es decir, el "hallazgo") por santa Elena en el 326 de la "verdadera cruz" (Vera Cruz) donde Cristo fue crucificado.
Aunque el 3 de mayo se celebra la Invención de la Santa Cruz (o Cruz Verde, por el carácter vegetal de la primavera), la Iglesia situó el 14 de septiembre la celebración de la Exaltación de la Santa Cruz (o Cruz Seca).
Vera Cruz 2019
Horarios de las misas para este fin de semana que se celebra Santa Cruz.
-Domingo 11:00, se sale de la iglesia en procesión hasta la ermita donde se realizará la misa (vestidos con el hábito sin capirote).
Se reuega comunicar la asistencia para poder organizar y para preparar la merienda, gracias
domingo, 21 de abril de 2019
lunes, 15 de abril de 2019
POESÍA A LA SEMANA SANTA
Ábrame madre el baúl
y la túnica me saca,
que ya detrás de la esquina
está la Semana Santa,
que ya tocan a cabildo,
que ya suenan las campanas,
que ya viste como hebrea
la Virgen de la Esperanza,
que ya se ofician quinarios
y huele a cera quemada
perfumada con incieso
y flores de color malva.
Deme, madre, los cordones
y la capa bien planchada,
para acompañar a Cristo
en su agonía lenta y larga,
por las calles de mi pueblo,
hasta que despunte el alba,
bajo un cielo estrellado,
con luna redonda y blanca.
Debajo de mi antifaz
volveré a esconder las lágrimas
que rueden por mis mejillas
cuando le mire a la cara,
cuando en silencio le grite,
desde el fondo de mi alma,
que cuide de mis mayores,
que a ver si al enfermo sana,
que el pobre encuentre un bocado
para llevar a su casa,
que le dé iusión al joven,
que al emigrante le abra
las puertas de donde fuere
cómo si fueran su casa,
que nos derrame la paz
que nos hace tanta falta.
Por las calles de mi pueblo
en penitencia callada
quiero acompañarte yo...
en otra... Semana Santa.
viernes, 12 de abril de 2019
miércoles, 6 de marzo de 2019
LINDOS AYUNOS DE CUARESMA
El Papa Francisco propone 15 sencillos actos de
caridad que él ha mencionado como manifestaciones concretas del amor de Dios
1.saludar. (siempre y en todo lugar)
2. Dar las
gracias (aunque no "debas" hacerlo).
3. Recordarle
a los demás cuanto los amas.
4. Saludar
con alegría a esas personas que ves a diario.
5. Escuchar
la historia del otro, sin prejuicios, con amor.
6. Detenerte
para ayudar. Estar atento a quien te necesita.
7. Levantarle
los ánimos a alguien.
8. Celebrar
las cualidades o éxitos de otro.
9.
Seleccionar lo que no usas y regalarlo a quien lo necesita.
10. Ayudar
cuando se necesite para que otro descanse.
11. Corregir con amor, no callar por miedo.
12. Tener
buenos detalles con los que están cerca de ti.
13. Limpiar
lo que uso en casa.
14. Ayudar a
los demás a superar obstáculos.
15. Llamar
por teléfono a tus padres, si tienes la fortuna de tenerlos.
• Ayuna de palabras hirientes y transmite palabras
bondadosas
• Ayuna de descontentos y llénate de gratitud
• Ayuna de enojos y llénate de mansedumbre y de
paciencia
• Ayuna de pesimismo y llénate de esperanza y
optimismo
• Ayuna de preocupaciones y llénate de confianza en
Dios
• Ayuna de quejarte y llénate de las cosas sencillas
de la vida
• Ayuna de presiones y llénate de oración
• Ayuna de tristezas y amargura y llénate de alegría
el corazón
• Ayuna de egoísmo y llénate de compasión por los
demás
• Ayuna de falta de perdón y llénate de actitudes de
reconciliación
• Ayuna de palabras y llénate de silencio y de
escuchar a los otros
Si todos intentamos este ayuno, lo cotidiano se
llenará de:
PAZ, CONFIANZA, ALEGRÍAY VIDA.
martes, 26 de febrero de 2019
EL PAPA FRANCISCO PROPONE UNA CUARESMA ECOLÓGICA
Convirtamos el desierto de la creación en un jardín de
comunión con Dios.
Para los 40 días anteriores a la Pascua, el Papa
propone este 2019 “entrar en el desierto de la creación” para que vuelva a ser
“aquel jardín de la comunión con Dios” para llevar la “esperanza de Cristo a la
creación y liberarla de la esclavitud de la corrupción.
¿Y cómo se puede lograr esto? Francisco vuelve a
proponer, en su mensaje para la próxima Cuaresma publicado hoy martes, las 3
herramientas de los tiempos de crecimiento espiritual: el ayuno, la oración y
la limosna.
Ayunar, o sea aprender a cambiar nuestra actitud con
los demás y con las criaturas: de la tentación de “devorarlo” todo, para saciar
nuestra avidez, a la capacidad de sufrir por amor, que puede colmar el vacío de
nuestro corazón.
Orar para saber renunciar a la idolatría y a la
autosuficiencia de nuestro yo, y declararnos necesitados del Señor y de su
misericordia.
Dar limosna para salir de la necedad de vivir y
acumularlo todo para nosotros mismos, creyendo que así nos aseguramos un futuro
que no nos pertenece.
El mensaje para la Cuaresma 2019 usa el lenguaje de la
ecología y muestra una gran esperanza: “volver a encontrar así la alegría del
proyecto que Dios ha puesto en la creación y en nuestro corazón, es decir amarle,
amar a nuestros hermanos y al mundo entero, y encontrar en este amor la
verdadera felicidad”.
“La “Cuaresma” del Hijo de Dios fue un entrar en el
desierto de la creación para hacer que volviese a ser aquel jardín de la
comunión con Dios que era antes del pecado original (cf. Mc 1,12-13; Is 51,3)”,
escribe.
Y añade: “Que nuestra Cuaresma suponga recorrer ese
mismo camino, para llevar también la esperanza de Cristo a la creación, que
será liberada de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa
libertad de los hijos de Dios”.
Francisco une ser humano y creación destacando que “si
el hombre vive como hijo de Dios, si vive como persona redimida, que se deja
llevar por el Espíritu Santo, y sabe reconocer y poner en práctica la ley de
Dios, comenzando por la que está inscrita en su corazón y en la naturaleza,
beneficia también a la creación, cooperando en su redención”.
“La creación —dice san Pablo— desea ardientemente que
se manifiesten los hijos de Dios, es decir, que cuantos gozan de la gracia del
misterio pascual de Jesús disfruten plenamente de sus frutos, destinados a
alcanzar su maduración completa en la redención del mismo cuerpo humano”,
añade.
Todo queda unido, entonces cuando el amor cambia la
vida de las personas -espíritu, alma y cuerpo- y “con la oración, la
contemplación y el arte hacen partícipes de ello también a las criaturas, como
demuestra de forma admirable el “Cántico del hermano sol” de san Francisco de
Asís.
En cambio, advierte, “cuando no vivimos como hijos de
Dios, a menudo tenemos comportamientos destructivos hacia el prójimo y las
demás criaturas —y también hacia nosotros mismos—, al considerar, más o menos
conscientemente, que podemos usarlos como nos plazca”.
“Si no anhelamos continuamente la Pascua, si no
vivimos en el horizonte de la Resurrección, está claro que la lógica del todo y
ya, del tener cada vez más acaba por imponerse”, constata el Papa.
“El hecho de que se haya roto la comunión con Dios,
también ha dañado la relación armoniosa de los seres humanos con el ambiente en
el que están llamados a vivir, de manera que el jardín se ha transformado en un
desierto”, añade.
Francisco escribe que el pecado “lleva al hombre a
considerarse el dios de la creación, a sentirse su dueño absoluto y a no usarla
para el fin deseado por el Creador, sino para su propio interés, en detrimento
de las criaturas y de los demás” y que “cuando se abandona la ley de Dios, la
ley del amor, acaba triunfando la ley del más fuerte sobre el más débil”.
Pero “el camino hacia la Pascua nos llama precisamente
a restaurar nuestro rostro y nuestro corazón de cristianos, mediante el
arrepentimiento, la conversión y el perdón, para poder vivir toda la riqueza de
la gracia del misterio pascual”.
“Toda la creación está llamada a salir, junto con
nosotros, de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad
de los hijos de Dios”, insiste.
Y recuerda que “la Cuaresma es signo sacramental de
esta conversión, es una llamada a los cristianos a encarnar más intensa y
concretamente el misterio pascual en su vida personal, familiar y social, en
particular, mediante el ayuno, la oración y la limosna”.
Este es el mensaje completo del Papa para la Cuaresma
de 2019, titulado “La creación, expectante, está aguardando la manifestación de
los hijos de Dios” (Rm 8,19):
Queridos hermanos y hermanas:
Cada año, a través de la Madre Iglesia, Dios «concede
a sus hijos anhelar, con el gozo de habernos purificado, la solemnidad de la
Pascua, para que […] por la celebración de los misterios que nos dieron nueva
vida, lleguemos a ser con plenitud hijos de Dios» (Prefacio I de Cuaresma).
De este modo podemos caminar, de Pascua en Pascua,
hacia el cumplimiento de aquella salvación que ya hemos recibido gracias al
misterio pascual de Cristo: «Pues hemos sido salvados en esperanza» (Rm 8,24).
Este misterio de salvación, que ya obra en nosotros
durante la vida terrena, es un proceso dinámico que incluye también a la
historia y a toda la creación.
San Pablo llega a decir: «La creación, expectante,
está aguardando la manifestación de los hijos de Dios» (Rm 8,19). Desde esta
perspectiva querría sugerir algunos puntos de reflexión, que acompañen nuestro
camino de conversión en la próxima Cuaresma.
1.
La redención de la creación
La celebración del Triduo Pascual de la pasión, muerte
y resurrección de Cristo, culmen del año litúrgico, nos llama una y otra vez a
vivir un itinerario de preparación, conscientes de que ser conformes a Cristo
(cf. Rm 8,29) es un don inestimable de la misericordia de Dios.
Si el hombre vive como hijo de Dios, si vive como persona
redimida, que se deja llevar por el Espíritu Santo (cf. Rm 8,14), y sabe
reconocer y poner en práctica la ley de Dios, comenzando por la que está
inscrita en su corazón y en la naturaleza, beneficia también a la creación,
cooperando en su redención.
Por esto, la creación —dice san Pablo— desea
ardientemente que se manifiesten los hijos de Dios, es decir, que cuantos gozan
de la gracia del misterio pascual de Jesús disfruten plenamente de sus frutos,
destinados a alcanzar su maduración completa en la redención del mismo cuerpo
humano.
Cuando la caridad de Cristo transfigura la vida de los
santos —espíritu, alma y cuerpo—, estos alaban a Dios y, con la oración, la
contemplación y el arte hacen partícipes de ello también a las criaturas, como
demuestra de forma admirable el “Cántico del hermano sol” de san Francisco de
Asís (cf. Enc. Laudato si’, 87).
Sin embargo, en este mundo la armonía generada por la
redención está amenazada, hoy y siempre, por la fuerza negativa del pecado y de
la muerte.
2.
La fuerza destructiva del pecado
Efectivamente, cuando no vivimos como hijos de Dios, a
menudo tenemos comportamientos destructivos hacia el prójimo y las demás
criaturas —y también hacia nosotros mismos—, al considerar, más o menos
conscientemente, que podemos usarlos como nos plazca.
Entonces, domina la intemperancia y eso lleva a un
estilo de vida que violalos límites que nuestra condición humana y la
naturaleza nos piden respetar, y se siguen los deseos incontrolados que en el
libro de la Sabiduría se atribuyen a los impíos, o sea a quienes no tienen a
Dios como punto de referencia de sus acciones, ni una esperanza para el futuro
(cf. 2,1-11).
Si no anhelamos continuamente la Pascua, si no vivimos
en el horizonte de la Resurrección, está claro que la lógica del todo y ya, del
tener cada vez más acaba por imponerse.
Como sabemos, la causa de todo mal es el pecado, que
desde su aparición entre los hombres interrumpió la comunión con Dios, con los
demás y con la creación, a la cual estamos vinculados ante todo mediante
nuestro cuerpo.
El hecho de que se haya roto la comunión con Dios,
también ha dañado la relación armoniosa de los seres humanos con el ambiente en
el que están llamados a vivir, de manera que el jardín se ha transformado en un
desierto (cf. Gn 3,17-18).
Se trata del pecado que lleva al hombre a considerarse
el dios de la creación, a sentirse su dueño absoluto y a no usarla para el fin
deseado por el Creador, sino para su propio interés, en detrimento de las
criaturas y de los demás.
Cuando se abandona la ley de Dios, la ley del amor,
acaba triunfando la ley del más fuerte sobre el más débil. El pecado que anida
en el corazón del hombre (cf. Mc 7,20-23) —y se manifiesta como avidez, afán
por un bienestar desmedido, desinterés por el bien de los demás y a menudo
también por el propio— lleva a la explotación de la creación, de las personas y
del medio ambiente, según la codicia insaciable que considera todo deseo como
un derecho y que antes o después acabará por destruir incluso a quien vive bajo
su dominio.
3.
La fuerza regeneradora del arrepentimiento y del perdón
Por esto, la creación tiene la irrefrenable necesidad
de que se manifiesten los hijos de Dios, aquellos que se han convertido en una
“nueva creación”: «Si alguno está en Cristo, es una criatura nueva. Lo viejo ha
pasado, ha comenzado lo nuevo» (2 Co 5,17).
En efecto, manifestándose, también la creación puede
“celebrar la Pascua”: abrirse a los cielos nuevos y a la tierra nueva (cf. Ap
21,1).
Y el camino hacia la Pascua nos llama precisamente a
restaurar nuestro rostro y nuestro corazón de cristianos, mediante el
arrepentimiento, la conversión y el perdón, para poder vivir toda la riqueza de
la gracia del misterio pascual.
Esta “impaciencia”, esta expectación de la creación
encontrará cumplimiento cuando se manifiesten los hijos de Dios, es decir
cuando los cristianos y todos los hombres emprendan con decisión el “trabajo”
que supone la conversión.
Toda la creación está llamada a salir, junto con
nosotros, «de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad
de los hijos de Dios» (Rm8,21).
La Cuaresma es signo sacramental de esta conversión,
es una llamada a los cristianos a encarnar más intensa y concretamente el
misterio pascual en su vida personal, familiar y social, en particular,
mediante el ayuno, la oración y la limosna.
Ayunar, o sea aprender a cambiar nuestra actitud con
los demás y con las criaturas: de la tentación de “devorarlo” todo, para saciar
nuestra avidez, a la capacidad de sufrir por amor, que puede colmar el vacío de
nuestro corazón.
Orar para saber renunciar a la idolatría y a la
autosuficiencia de nuestro yo, y declararnos necesitados del Señor y de su
misericordia.
Dar limosna para salir de la necedad de vivir y
acumularlo todo para nosotros mismos, creyendo que así nos aseguramos un futuro
que no nos pertenece.
Y volver a encontrar así la alegría del proyecto que
Dios ha puesto en la creación y en nuestro corazón, es decir amarle, amar a
nuestros hermanos y al mundo entero, y encontrar en este amor la verdadera
felicidad.
Queridos hermanos y hermanas, la “Cuaresma” del Hijo
de Dios fue un entrar en el desierto de la creación para hacer que volviese a
ser aquel jardín de la comunión con Dios que era antes del pecado original (cf.
Mc 1,12-13; Is 51,3).
Que nuestra Cuaresma suponga recorrer ese mismo
camino, para llevar también la esperanza de Cristo a la creación, que «será
liberada de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad
de los hijos de Dios» (Rm 8,21).
No dejemos transcurrir en vano este tiempo favorable.
Pidamos a Dios que nos ayude a emprender un camino de verdadera conversión.
Abandonemos el egoísmo, la mirada fija en nosotros
mismos, y dirijámonos a la Pascua de Jesús; hagámonos prójimos de nuestros
hermanos y hermanas que pasan dificultades, compartiendo con ellos nuestros
bienes espirituales y materiales.
Así, acogiendo en lo concreto de nuestra vida la
victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte, atraeremos su fuerza
transformadora también sobre la creación.
Artículo
enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales
Fuente:
Aleteia
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